domingo, 8 de abril de 2018

El intervalo imaginario: Bardo, un lugar entre nosotros

En una entrevista, el dramaturgo  Ricardo Monti explica que al momento de escribir, es menester buscar internamente las imágenes: “cuando uno encuentra esas imágenes, las palabras se mueven solas”, sostiene. “Bardo, un lugar entre nosotros” nos propone acceder a ese estadío previo, que permanece oculto para el espectador o para el lector: somos partícipes del proceso creativo, del imaginario del autor antes de ser recortado y resuelto.


En aquel juego, la trama se posiciona como un planteo metateatral: los personajes del escritor se vuelven creadores, y este a su vez, se convierte en personaje. Por momentos, está en el centro de la escena; y por otros, la observa desde afuera. Se plantea una obra y dentro de ella, se desarrollan otras; como enmarcadas. Este recurso que nos seduce, nos empuja a pensar: ¿El escritor existe sin sus personajes? ¿estos personajes son preexistentes a su creación?

Una particularidad expresiva de la obra es la intervención de disciplinas propias del circo contemporáneo: teatro físico, acrobacias, malabares, cyr wheel y algunos elementos del clown intervienen la dramaturgia que este grupo ha desarrollado de manera colectiva: los tres actores junto al director, Gabriel Paez. Anahí Dratman, Maximiliano Chiprut y Juan Guiraud, nos conmueven desde el cuerpo; crean figuras exquisitas y piezas absurdas y humorísticas, generando instantes de belleza y complicidad con el público. Nuevamente, el planteo metateatral.


Asimismo, los actores recorren el espacio particular que ofrece la sala del Espacio Callejón, invitando al público a experimentar un registro horizontal y vertical de la obra: existe un limbo detrás de la puerta que hay en la escenografía, pero también allá, en el cielo de la sala. Los tres actores van  desnudando elementos y desarrollando la historia in situ. Citando nuevamente a Monti, el teatro  se nos presenta entonces “ como un ser vivo que se modifica con intencionalidad frente a otros seres humanos”.


Por otra parte, la musicalización original y el diseño de iluminación permiten guiar al espectador en medio de esa tormenta incesante de historias que inventa este escritor protagonista. De esta manera, componen una estética singular que logra crear espacios oníricos y terrenales con igual intensidad.  


Finalmente, el imaginario herido del escritor frustrado se vuelve metáfora más de una vez; y como ha respondido en una entrevista Mauricio Kartun (frase que adjudica a Monti): “a la herida que produce la imagen sólo la cauteriza la metáfora. La cierra, la sana. Y así toda obra es cicatriz.”



*Las imágenes pertenecen a Marcia Ruetsch - fb M.R. Audiovisuales/ marciaruetsch.wixsite.com/audiovisuales


Ficha técnico artística
Dramaturgia: Maximiliano Chiprut, Anahí Dratman, Juan Guiraud, Gabriel Paez
Actúan: Maximiliano Chiprut, Anahí Dratman, Juan Guiraud
Música: Jerónimo Guiraud
Diseño de vestuario: Las Elvis
Diseño de escenografía: Maximiliano Méndez
Diseño de luces: Miguel De Madrid
Fotografía: Facundo Fraga
Diseño gráfico: Diego Feijoo
Asistencia de dirección: Miguel De Madrid
Prensa: CorreyDile Prensa
Producción: Marina Bacin
Dirección: Gabriel Paez

ESPACIO CALLEJÓN
Humahuaca 3759 - CABA
Reservas: 4862-0655
Web: http://espaciocallejon.com/
Entrada: $ 200,00 / $ 180,00 - Sábado - 23:00 hs
Próximo sábado ÚLTIMA función


miércoles, 28 de marzo de 2018

Ser inmortal: Oigo tu voz


Debajo, tras el camino de escaleras del Teatro La Comedia, un bar mistongo pero afable. Sobre el escenario, reconocemos una mesa, sillas, banderines caídos, una cortina de almacén, y un mueble repleto de pasado: tocadiscos, sifones usados y radios viejas. Se oye un tango profundo y algunos ácaros que vuelan en la luz tenue de la sala, nos proponen un paisaje porteño y arrabalero. La expectativa tibia de la ilusión rodea al público mientras se acomoda.


“Oigo tu voz” nos propone una elegía en un contrato de mito y crónica telúrica. Cuenta la historia de Lautaro (Sergio Bermejo), un bohemio que brinda su vida a un sueño orillero: se dedica a escribir y cantar tangos en pequeños bares de la zona sur del barrio porteño. Lo acompañan en su andar, una pareja de baile de aspiraciones hermanas, pero motivaciones distintas: Peralta (Omar Ferraro), que opta por una vida lejos de su familia para crear una nueva; e Ivone (Cristina Peréz Pol) que se sostiene en un ego intransigente para salvarse de sí misma. Todos viven de prestado en el bar de la madre de Cata (Natalia Furchi); una mujer que a pesar de aparentar una existencia ajena e inocente, acompaña al grupo atenta a lo que nadie ve. El primer evento que interviene en aquella rutina, es la llegada de María (Giuliana Regazzoni); una artista aprendiz que requiere trabajar junto a  ellos, sin obtener nada a cambio. En aquel gesto desinteresado, despierta sospecha entre los personajes, y el público.

Lautaro está muriendo e intenta escribir una canción: busca alejar a la parca en el impulso creativo. En aquella  falsa contradicción entre vida y muerte, yace la obra. Son los últimos días de este viejo cantor, que trata de apalabrar su tango. Quiere llevarlo con él. ¿Al tango? A su vida entera en realidad, no la quiere delegar. ¿Dónde va lo que hemos logrado?¿qué sucede con aquello que no intentamos? Preocupación perenne por la trascendencia que dejamos al partir. Este personaje intenta en aquella intensidad, suplir lo pendiente (ahora lo urgente): lo que pensó y no dijo, lo que deseó y no hizo. La frustración se erige como batalla frente a lo evidente, y los gestos de Lautaro, huelen a miedo aniñado. La identificación es inevitable.

El protagonista anciano conversa con la muerte:“¿Tengo que tener miedo?” le pregunta. La duda recae en el público como el agua helada. Sin embargo, los giros de humor que atraviesan el relato y el abrazo dulce que nos recorre en todo momento, nos vuelven adolescentes inmortales: el después puede estar de nuestro lado.

Borges sostenía que si pensáramos en el universo como laberinto, estaríamos salvados: porque si existiese un centro secreto, entonces habría una arquitectura. En consecuencia, el universo no sería caos, sino que tendría una forma coherente. “Oigo tu voz” intenta acercarnos motivos en medio de aquella posible anarquía. Nos ofrece un acuerdo, una suerte de reconciliación con aquel silencio que espanta. La muerte habla con Lautaro, lo invita a encontrar un sentido a su vida.  En ese rato de intercambio, se produce una pausa; similar a la que Martín Sántome transita en la novela de Benedetti: la pronunciación de un hallazgo íntimo por parte de Lautaro.

Quizás rindiendo homenaje al film “All that jazz”, la muerte está personificada por una mujer, que será otras cada vez: el relato es lineal, pero no clásico. La propuesta filosófica de la obra implica un trato con “la silenciosa” en el día que nacemos, y desde allí, justifica aquel encuentro. Las conversaciones entre Lautaro y la muerte suponen una tregua: Lautaro va a emprender un recorrido por los ratos de belleza que rodean su gira; aquello que solemos reconocer como felicidad. Nos transporta a  su niñez, su adolescencia de amores breves y al devenir de sus sueños. Desde la estructura narrativa y la puesta en escena, las conversaciones entre la muerte y Lautaro, implican la presencia activa del público: no sólo por la carga poética y la prosa del relato, sino también por la vigilancia constante que supone un escenario partido en dos: el espectador debe elegir, precisa guiarse por las voces de los actores al participar de la puesta.



Asimismo, desde una propuesta que por momentos linda con lo onírico, el pasaje de una escena a otra sucede a partir de los detalles que componen cada ambiente y cada personaje: el vestuario, la iluminación y la versatilidad de los cinco actores, se conjugan de un modo apropiado para la interpretación y verosimilitud de que lo que allí acontece. Es posible reconocer los matices singulares del teatro que nos mantienen en vilo e ilusionados: como ha escrito alguna vez Artaud “ la gran virtud de la Magia, radica en el sometimiento de la Muerte”.






*Las imágenes pertenecen a Marcia Ruetsch - fb M.R. Audiovisuales/ marciaruetsch.wixsite.com/audiovisuales


Ficha técnico artística Dramaturgia y Dirección: Sergio Bermejo Actúan: Sergio Bermejo, Omar Ferraro, Natalia Furchi, Cristina Perez Pol, Giuliana Regazzoni Vestuario: Ana Julia Figueroa Escenografía: Luis Curzi Maquillaje: Alex Mathews Realización de escenografia: Nicolás Bustamante Musicalización: Camila Porreca Música original: Gustavo Hernández Fotografía: Marcia Ruetsch Diseño gráfico: Sergio Bermejo Asistencia de dirección: Benjamín Carvalho Prensa: Tedrys Teatro
TEATRO LA COMEDIA Rodriguez Peña 1062 - CABA Teléfonos: 4815-5665 / 4812-4228 http://www.lacomedia.com.ar
Entrada: $ 300,00 - Sábado - 19:00 hs - Del 03/03/2018 al 26/05/2018

viernes, 15 de diciembre de 2017

El absurdo del acusado: ¿Quién yo?

El grupo Tedrys, es un taller de producción teatral que se ha sostenido a lo largo de 19 años. Sus inicios lo colocan en el escenario de un club de barrio en provincia, hasta lograr en 2003, su participación en el área de cultura de un Municipio. El director siempre fue el mismo, Sergio Bermejo; algunos de los integrantes, en cambio, han variado con el paso del tiempo. El taller ha convocado a más de 550 integrantes del partido. En la actualidad se desarrolla como taller y como grupo teatral independiente: el año entrante promete una nueva representación en el Teatro de la Comedia. Hoy y aquí,  nos convoca su muestra anual como taller.


Habilitan la sala del barrio de Munro, y las dos filas de asientos miran hacia un escenario enorme. Una hora antes, había culminado la representación de los adolescentes, “Breves Historias Tedryanas”. Allí disfrutamos de  dos obras en torno al tiempo, las épocas, y sus transformaciones: “Viejos Amores” y “ Siempre igual”. Luego, comenzó la tercera y última obra, “La Torre de Babel”; que pone en el centro de la trama, los modos en que el egoísmo se manifiesta entre nosotros, negando la existencia de un otro. Desde allí, el pasaje a “¿Quién yo?” de Dalmiro Saénz, se dió sin un corte aparente.

 La obra -escrita en 1969- aborda, desde el humor absurdo, un juicio que busca condenar a un hombre acusado de haberse quedado con un vuelto insignificante. Desde allí, y a través de un tratamiento desprejuiciado  de la locura, se desarrollan una serie de historias hilarantes y absurdas en la voz del acusado. Cada uno de estos relatos, es representado a través de la versatilidad de los diez actores en escena; y una serie de marcaciones musicales y lumínicas. Elementos necesarios para la configuración de cada puente temporal.



“¿Quién yo?” cuestiona el modo en que concebimos la locura; y al mismo tiempo, pone en evidencia la facilidad con la que apuntamos las miserias ajenas. Expone nuestro ruinoso y cuestionable concepto de justicia a partir del juego de palabras y la perturbación de la lógica cotidiana. De ese modo, el personaje principal nos despierta del mismo modo, la exasperación y la identificación inevitable -con el aliciente del humor a cuestas-.


Tedrys no sólo participa y representa la actividad cultural de los barrios que conforman el Municipio, sino que intenta descentralizar y crecer de manera independiente: este sábado se presentan en Capital Federal, ¿quién se atreve a mirarse a sí mismo? No vale responder ¿quién yo?.



*Las imágenes pertenecen a Marcia Ruetsch - fb M.R. Audiovisuales/ marciaruetsch.wixsite.com/audiovisuales

Próxima y última presentación: Sábado 16/12 - 21 hs.
En Sala Martín de Güemes - Tacuarí 566 - CABA
Entrada general $200 y 2x$300


Ficha técnico artística
Dramaturgia: Dalmiro Sáenz
Adaptación y Dirección: Sergio Bermejo
Actúan: Luis Alberto Abram, Alex Arques, Imi Aveiro Buratti, Liliana Cristina Cobo, Luis Curzi, Noemi Khoury, Marta Pillado, Maria Laura Rita, Patricia Sabino, Silvina Troncoso.
Vestuario: Imi Aveiro Buratti
Escenografía: Luis Curzi
Utilería: Luis Abram
Musicalización: Giuliana Regazzoni
Diseño gráfico: Sergio Bermejo
Fotografía: Mauro Arqués
Diseño de musicalización y luces: Sergio Bermejo
Asistente de dirección: Maria Laura Rita

Espabilar los miedos: Como si pasara un tren

Aquel que viva cerca de una estación ferroviaria, sabe que el sonido del arribo del tren comienza a olvidarse con el paso del tiempo. Las paredes vibran, se quiebran sus pinturas y revoques; pero el sonido permanece escondido. Se vuelve rutina invisible. Sin embargo, hay tardes en que el viento acerca ese ruido, y lo destaca del resto. Incluso existen días en que ese tren y su estación, se convierten en espacios de recibimiento y de partida. Es entonces cuando su paso no resulta imperceptible.
La fila para entrar a ver la obra en El Camarín de las Musas llega hasta la puerta. Habilitan la sala, y nos encontramos en el living de un hogar. Una mesa, un sillón de dos partes, dos cortinas de almacén que hacen de puertas y ventanas que también serán vagones de tren. Juan Ignacio (Guido Botto Fiora) ya está jugando en la escena. Sus movimientos están repletos de ternura y entusiasmo. Se oye el sonido del ferrocarril en una pista de  juguete.

“Como si pasara un tren” narra una relación familiar entre una madre, su hijo y  una prima que va a quedarse a vivir con ellos por un tiempo. Susana (Silvia Villazur) es la madre sobreprotectora de Juan Ignacio, un adolescente con un retraso madurativo; juntos viven en una ciudad de campo. La relación que mantienen es asfixiante para ambos: Juan Ignacio está atravesando su adolescencia y Susana, la madre, lo cría desde el miedo. Su prima Valeria (Luciana Grasso) es estudiante universitaria, y es de la ciudad. Fue obligada por su madre a pasar unos días en la casa de su tía, como reprimenda por un hecho insignificante: el descubrimiento de un”porro”. Este hecho, impone una suerte de destierro  temporario de Valeria por una incomprensión de su madre (también surgida del miedo), en el que va a compartir unos días con su tía y su primo, generando un cambio inevitable en sus rutinas.


Su llegada suscita la pregunta por el deseo en el resto de los personajes. La importancia del juego, los anhelos y la necesidad de soltar y cuestionar las estructuras que sostienen sus verdades. Aquellas que alguna vez todos hemos creído como las únicas posibles.

El público va a encontrar a lo largo de la obra los detalles de esta transformación. Sucede que los cambios muchas veces yacen silenciosos en pequeños actos, en los guiños simples de quienes intentan embellecer su paso por esta vida. Lorena Romanin, la dramaturga y directora, supo combinarlos para disfrutar de cada estado, de cada emoción. “Como si pasara un tren” es una comedia dramática, que nos hace reír muchísimo, y al mismo tiempo, nos permite atravesar -con total sinceridad- la desdicha.

Las interpretaciones de los actores en escena se nos presentan resueltas, con características propias y bien definidas. La relación entre estos tres personajes fluye contenida en sucesos cotidianos, que los vuelven cercanos y facilitan la identificación con sus historias. Intuimos entonces, que la maldad y la bondad son categorías equívocas para mirar el mundo.  La obra nos habla de vínculos reales: imperfectos, difíciles e irresueltos; y también, de aquellos encuentros y momentos simples que se proyectan en nosotros como revelaciones, como bocanadas de felicidad.



“Como si pasara un tren” da cuenta de la posibilidad de cambio  en los vínculos, abraza las heridas del pasado y nos ofrece la calidez y complicidad que  sólo existen en las relaciones de amor. El crecimiento y el deseo se presentan como llegadas inexorables en esta familia. Como aquellos días en que el viento nos acerca el sonido del ferrocarril, y vuelve visible aquello que ya no lograbámos percibir: el tren al final, es real. Habrá que subirse.



*Las imágenes pertenecen a Marcia Ruetsch - fb M.R. Audiovisuales/ marciaruetsch.wixsite.com/audiovisuales

Ficha técnico artística Dramaturgia y Dirección: Lorena Romanín Actúan: Guido Botto Fiora, Luciana Grasso, Silvia Villazur Vestuario y Escenografía: Isabel Gual Diseño de luces: Damian Monzon Realización escenográfica: Estudio Werkplatz Fotografía: Male&dapa + Diego Mares Diseño gráfico: Fermín Vissio Asistencia de dirección: Mariano Mandetta Prensa: Carolina Alfonso Producción: Casandra Velázquez
Coreografía: Juan Branca

Próxima y última representación del año: Sábado 16/12 - 20 y 22.30 hs
Reestreno:  Desde el 5 de enero, viernes y sábados.
En El Camarín de las Musas -  Mario Bravo 960 - CABA
Teléfonos: 4862-0655 Web: http://www.elcamarindelasmusas.com
Localidades: General: $ 250 / Jubilados: $ 200 (presentando acreditación)

jueves, 16 de noviembre de 2017

Matar al padre: La casa esconde

Es domingo, día familiar por legado cultural, por imposición de la costumbre. Afuera el calor agota cada pisada y  el humo del colectivo hace migas con el aire denso. La boletería espera al fondo de un ambiente amplio: un oasis de frescura, con muebles y sillones blancos. Una suerte de remanso. La función será al lado, y la curiosidad empuja a entrever el espacio desde una puerta a medio abrir. Se dejan ver sillas con papel corrugado, y una tonalidad dorada como emulando el paso del tiempo. En el fondo, finaliza una función para niños: pasan por delante, sonrientes, sosteniendo globos. De repente la excepción se presenta: un nene se niega a sostener esa ilusión colorida y volátil. La madre se impone, con cariño, como se asienta la herencia algunas veces: “te lo ato a la muñeca, no tengas miedo; no va a ser el único globo que vas a tener en tu vida hijo”. A los pocos minutos, el asistente da comienzo a la función.


Los actores en escena son cuatro, pero los personajes son alrededor de diez. María Milessi, Julieta Halac, Luis Gritti y Santiago Fondevila, se atreven a personificar a varias personas. Lo hacen desde una transformación actitudinal: cambios en los modos de decir las cosas, en los gestos, y lo concluyen desde lo estético. Cada actor, como en un juego de la silla, se transforma, y el cambio de piel es absoluto. Coquetean con algunos detalles propios de los estereotipos, pero no caen de manera definitiva en ninguno de ellos. De esta forma, los personajes que evocan no se parecen entre sí, y tras lo primeros giros, resulta posible reconocer este mecanismo. La variación en la vestimenta entonces, se vuelve un elemento importante en aquella revelación.


Otra particularidad de la obra es su dramaturgia, que surge de un trabajo colectivo; así como también la escenografía de esta temporada en una de las salas del Camarín de las Musas: un cuarto antiguo compartido entre actores y  público. Las butacas que rodean la escena, vuelven la participación de este último, más íntima y menos omnipresente. La historia, dirigida por Miguel Israilevich, nos es dada en pausas, en pequeños registros.


Por otra parte, otra variante que presenta la pieza teatral es que no utiliza musicalización: la ausencia de elementos sonoros, también provoca un descubrimiento  en capas del relato.

“La casa esconde” es una propuesta del teatro independiente, que no sólo establece esta multiplicidad de personajes encarnados por los mismos actores, sino que propone un circuito espacial y temporal en constante fluidez. La estructura temporal es simultánea y gira en torno a dos temas nodales: la muerte del padre de algunos de estos personajes y su cotidianeidad afectiva. Cada uno de estos hermanos, ha sostenido un vínculo diferente con su progenitor, y el patrimonio de una casa está en disputa. Sin embargo, allí se debate algo más que una continuidad material: la descendencia como herencia emocional yace en el trasfondo.


La obra nos invita a cuestionar aquellos condicionamientos que recibimos en nuestras crianzas, y nos enfrenta a la idea de transformación. A partir de la muerte del padre, admirado y odiado por estos personajes, el relato se debate entre  la deconstrucción de  la institución familiar, y la  reproducción de lo adverso en nuestra propia prole. Hacia el final, emerge la pregunta necesaria: ¿alguno  de ellos será capaz de perturbar el peso de lo aprehendido? “La casa esconde pero no roba”, brota como eco, en el parlamento de uno de los personajes; y se erige como posible respuesta.






*Las imágenes pertenecen a Marcia Ruetsch - fb M.R. Audiovisuales/ marciaruetsch.wixsite.com/audiovisuales


Ficha técnico artística Texto: Santiago Fondevila, Luis Gritti, Julieta Halac, Miguel Israilevich, Carla Pandolfi Actúan: Santiago Fondevila, Luis Gritti, Julieta Halac, María Milessi Diseño de vestuario y escenografía: Isabel Gual Diseño de luces: Sandra Grossi Asistencia de dirección: Diego Torben Prensa: Mariana S. Lopez Producción: Julieta Halac
Dirección y Diseño gráfico: Miguel Israilevich

EL CAMARÍN DE LAS MUSAS Mario Bravo 960  - Capital Federal Teléfonos: 4862-0655 Web: http://www.elcamarindelasmusas.com Domingo - 19:00 hs - Hasta el 26/11/2017
Entrada general: $ 200/ Jubilados: $ 150 (presentando acreditación)



viernes, 10 de noviembre de 2017

El arte y el deber: Recorte de Jorge Cárdenas cayendo

En el mes de diciembre de 2001 en Argentina se desató un desenlace inevitable. El país estaba sumido en una crisis económica y social; y el malestar se expresaba en las calles, en un mismo grito: “que se vayan todos”. La crisis institucional fue inminente. Durante los días 19 y 20 del último mes de 2001, hubo saqueos y una  protesta social en ascenso. Pobreza, desempleo, “Corralito”, “Cacelorazo” y Estado de sitio, son los elementos que componían aquel escenario. Mientras tanto, tras bambalinas, el presidente escapaba en helicóptero. Represión, heridos de bala y muertos, también fueron parte de aquel paisaje del horror. La primera imagen de aquella violencia institucional desbordada, fue la de Jorge Cárdenas. Su cuerpo herido, tras haber recibido dos disparos de bala de plomo, yacía en las escalinatas del Congreso. Cárdenas se desangraba y se convertía en el símbolo  vulnerado  de aquella brutalidad. Sobrevive y finalmente, muere siete meses después. Durante los juicios penales que se efectuaron a los funcionarios de entonces, su muerte (aunque no fue juzgada), fue utilizada como referencia por los jueces de la cámara federal. Hoy, a casi 16 años de esa pena histórica, su figura se erige a través del arte.
La Compañía Terceto sostiene a Cárdenas en el imaginario popular e insiste en su existencia desde un lenguaje diferente al de los medios, e incluso, al del relato histórico. A través de las herramientas expresivas del circo contemporáneo, proponen una resistencia frente a la violencia institucional, y para ello, alzan un símbolo de la tragedia. El cuerpo herido de Cárdenas es el hecho disparador de la obra, y va imponer el clima inicial: una tensión evidente a través de la protesta y los saqueos. Los cuerpos de los tres intérpretes, Florencia Montaldo, Patricio Testolín y Pablo Iván Censi, se convierten en un territorio extendido y denso, que se niega a la acción colectiva y puja por obtener lo propio. Sin embargo, no logran ser individuos; sino un cuerpo afectado. De repente, el clima se transforma y el público comienza a aceptar este nuevo contrato de lectura.
La invitación indirecta a aquella propuesta, lo estableció la música. La fusión entre el sampleo de Fernando Toth y la percusión con elementos atípicos de Juan Ciovini, distinguieron los ritmos de aquella deconstrucción. Ese clima sonoro acompañó el relato de los tres intérpretes, que demostraron un conocimiento corporal y una destreza brutal en cada figura.
Sublimación, sensibilidad y un concepto hermoso de fragilidad  rodeaba cada acrobacia. Entonces son los gestos y  las extremidades  las que narran la historia: no existe libreto, pero sí un esquema coreográfico. Los cuerpos se sujetan, se combinan, y luego rompen el equilibrio: vuelven a separarse. En aquél diálogo, nos conectan con la muerte de un otro, la vuelven figura, una y otra vez; quitándole el velo de la normalidad. Lo ajeno se hace propio, lo privado se vuelve público, y lo olvidado, se hace carne.
Esta manifestación, denota la participación del cuerpo como un medio expresivo, en oposición a un sistema que lo obliga a ser objeto de consumo y de control. Por el contrario, aquí, es un medio de intervención; no una entidad intervenida.  El circo contemporáneo, a través de la danza y el teatro, habilita un tipo de comunicación que nos alcanza como si no existiera una mediación. De ese modo, existe un mensaje político de denuncia y de resistencia a través del arte. Un deber que se adjudica: su propio sentido de justicia.
*Las imágenes pertenecen a Marcia Ruetsch - fb M.R. Audiovisuales/ marciaruetsch.wixsite.com/audiovisuales



Ficha técnico artística Compañía Terceto, Juan Pablo Gomez Intérpretes: Pablito Censi, Florencia Montaldo, Patricio Testolin Músicos: Juan Ciovini, Fernando Toth Diseño de luces: Matías Alejo Sendon Diseño gráfico: María Belén Saralegui Asistencia de dirección: Sofía Etcheverry Producción ejecutiva: German Garcia, Luciana Sanz
Asistencia coreográfica: Barbara Alonso
Colaboración y entrenamiento en danza:  Martina Kogan Dirección: Juan Pablo Gómez Dirección general: Cia Terceto, Juan Pablo Gómez

EL GALPÓN DE GUEVARA
Guevara 326 - Capital Federal
Teléfonos: 4554-4588
Web: http://www.galpondeguevara.com
Sábados - 23:00 hs - 11,18 y 25 de noviembre

A la gorra