sábado, 21 de octubre de 2017

Lo personal es político: La Señorita Julia *

El público se ubica en fila, se ve desde la puerta. El teatro El excéntrico de la 18 tiene forma de L, y una vez atravesada la boletería, está la sala. El asistente nos invita a ingresar  y nos abrimos a un mundo creado dos siglos atrás. Desde los primeros asientos, se aprecian unas botas grandes e imponentes. Son casi irreales, parecen pertenecer a una deidad. Las luces se apagan e ingresan los personajes en escena.


“La Señorita Julia” es una obra escrita por el dramaturgo sueco  August Strindberg. Un precursor del naturalismo, también vinculado al teatro de la crueldad. Asimismo, se sospecha de la misoginia del autor, que asoma en el libreto de esta obra, adaptada por Alberto Ure y José Tcherkaski a fines de los años setenta.


El naturalismo responde a un tipo de puesta en escena e interpretación utilizada hacia fines del siglo XIX y principios del XX. A grandes rasgos, sostiene la existencia de una suerte de ley, que a través de la herencia biológica o la influencia del medio, afecta de una única manera, a la conducta humana. Asimismo, esta ley funciona de manera inexorable, es decir, como un condicionamiento determinante, acabado. En este punto, en medio de los debates históricos y actuales, es interesante pensar la propuesta de la obra y el modo en que nos interpela. Julia, interpretada por Belén Blanco, pertenece a la clase alta. Por su parte, Juan (Diego Echegoyen) es un plebeyo, trabaja en la casa de la familia. Se seducen y charlan sobre fantasías. En ese choque de clases, el autor pone de manifiesto una relación de poder entre las partes, que lejos de pensarse como posiciones móviles en constante disputa; se entienden como condicionamientos definitivos: de una vez y para siempre.  

Por otra parte, también se hace presente, la relación de poder atravesada por el género. Julia  es una mujer de la alta sociedad del siglo XIX. Su conducta, que yace  fuera de lo esperado socialmente, es interpretada como un desacato tan subversivo como necesario. Sin embargo, los dichos que sostienen la acción del personaje femenino, y el desenlace de la obra, esconden una trampa que es preciso rescatar de las garras de su autor.

Para dar luz y poesía a ese cruce, los actores hacen uso de su cuerpo. A lo largo de la obra se recrean figuras para representar el contacto entre Julia y Juan. El uso de la corporalidad para confrontar con el discurso determinista, es efectivo. Aquello nos invita a pensar cuánto de aquel determinismo hemos superado. Nos arrincona y nos pregunta cuántas relaciones de poder hemos dejado de naturalizar. Incluso, desde una visión atrevida y alejada de la época, nos vuelve a poner en contacto con aquel dilema de las primeras feministas de nuestro país, quienes enfrentaban las limitaciones de los partidos políticos a la hora de incluir sus intereses en sus plataformas. ¿Qué es prioritario, la lucha de clases o la lucha feminista? ¿Quién domina, Julia por ser de la alta  sociedad; o Juan, por ser hombre? Los actores nacen y mueren entre diálogos que rozan la locura. Juegan con los límites de sus personajes. De allí podemos inferir un elemento del teatro de la crueldad al que hacíamos referencia más arriba: impresionar a los espectadores mediante situaciones impactantes.



Al mismo tiempo la relación entre el personaje de Julia, y el de Cristina (Susana Brussa) es novedosa para entonces. Esta última es la cocinera de la casa, y está comprometida con Juan. Representa la aceptación de una conciencia de clase y la reconciliación con aquella determinación intransigente que propone el autor. El elemento innovador reside en plantear una relación de empatía entre ambas, en lugar de una enemistad entre los personajes femeninos; aún siendo dos estereotipos femeninos opuestos.

La tragedia que evoca la obra es pensada como un orden natural. En el camino, nos encontramos con sexualidad, enfrentamiento de clases y relaciones entre los géneros. La directora Cristina Banegas nos acerca una obra que discute con todos los cuestionamientos que nos ha dejado la historia. Se inserta en ella como un documento que nos recuerda quienes fuimos, y nos pregunta quienes somos ahora. “La Señorita Julia” imprime un discurso conservador desde una puesta moderna, y allí reside su pertinencia en nuestro presente: una punta para desnaturalizar las relaciones de poder impuestas.






*El título hace referencia al manifiesto feminista que sostiene la politización de lo personal[Barrancos, D. y otros (2009). Cuadernillo 3. En Feminismo como lucha social, autonomía y revolución. Buenos Aires: Socialismo Libertario.]


*Las imágenes pertenecen a Marcia Ruetsch - fb MR Audiovisuales/ marciaruetsch.wixsite.com/audiovisuales



Ficha técnico artística
Autoría: August Strindberg
Adaptación: José Tcherkaski, Alberto Ure
Actúan: Belén Blanco, Susana Brussa, Diego Echegoyen
Vestuario y Escenografía :Magda Banach
Iluminación: Verónica Alcoba
Realización de vestuario: Camila Orsi
Música original: Carmen Baliero
Fotografía: Francisco Castro Pizzo, Luz Soria
Diseño gráfico: Sofía Stead
Asesoramiento coreográfico: Virginia Leanza
Asistente de producción y dirección: Matías Macri
Prensa:Carolina Alfonso
Dirección: Cristina Banegas




Lerma 420 - Capital Federal
Teléfonos: 4772-6092

Sábado - 20:00 hs - Hasta el 28/10/2017

domingo, 8 de octubre de 2017

Deconstruir desde el absurdo: Buenos Aires Épica

Hallar un modo distinto de transmitir un mensaje que comienza a instalarse en la sociedad, quizás de manera incipiente, pero irrevocable; es el primer acierto que uno reconoce de esta obra. La misma plantea, desde la crítica, la estrecha relación entre el capitalismo y el paradigma patriarcal que atraviesa nuestras prácticas y nuestros pensamientos. Su virtud es exponerlo con gracia y acidez, desde el humor absurdo y político.


Desde una estética propia de los años ´50,  con elementos hilarantes y un auto hecho tan sólo de un volante, cinco mujeres recorren Buenos Aires. La ciudad es personificada, se destacan su belleza  y su historia, que se combinan con un entramado de personalidades ajeno, de esta y otras tierras.


¿Cuál es el motivo que mueve el relato? La intención de suicidio que comparten cuatro amigas y el cruce argumentativo y reflexivo que lo impide. Este último es  encabezado por la dama del “prólogo”, el coro de la obra, que desde la voz del autor, provoca un cambio en el plan de estas mujeres: entonces emprenden un recorrido de distintos escenarios, hasta lograr concretar un acontecimiento épico que se aleje de la muerte, y se acerque al acto creativo.

A través de este yeite, entre autor y personajes, también se evocan a aquellas mujeres que han sabido dejar su impronta en la historia.  Allí interviene un elemento novedoso: el uso de pantallas en la trama de la obra. Con una estética simple y apariciones precisas, los personajes juegan con un afuera que permanece oculto, y se vuelve asequible en las proyecciones sobre la pared de la hermosa sala Osvaldo Pugliese. También interviene la música en vivo: otra pieza que acompaña aquello que sucede sobre el escenario.

Sin embargo, su mérito  no se detiene allí, el libreto se dirige hacia nosotros desde la belleza del verso. Un lenguaje poético bien expresado; con claridad y sentimiento por parte de las actrices, es el que nos acerca a la profundidad de la propuesta. Los climas creados no son absolutos, nos invitan a transitar el drama y la comedia en saltos abruptos pero repletos de sentido. Resulta necesario “echar luz” como aclaman las protagonistas a través de datos tan dolorosos como reales: en lo que va del 2017, hubo 133 femicidios, 100 mujeres  murieron a causa de abortos clandestinos, 3 de cada 10 puestos de decisión política son ocupados por mujeres. Estadísticas que nos definen, que nos muestran montados al discurso machista que oculta la desigualdad y justifica la violencia.


El director y dramaturgo, Manuel Santos Iñurrieta, nos propone reflexionar sobre un mal social: la violencia de una sociedad machista y capitalista, y las desigualdades sociales. En ocasión, Griselda Pollock ha escrito que las lecturas feministas trabajan por lo general en textos producidos por hombres y en los que no hay una preocupación  o un plan feminista consciente; podríamos encontrarnos en esta obra con una diferencia, en su intención certera.






*Las imágenes pertenecen a Marcia Ruetsch - fb MR Audiovisuales/ marciaruetsch.wixsite.com/audiovisuales



Ficha técnico artística
Dirección y dramaturgia: Manuel Santos Iñurrieta
Actúan: Clara Barreira, Marina Garcia, Diana Kamen, Lucía Salatino, Luciana Vieyra
Vestuario: Marina Garcia
Escenografía: Diego Maroevic
Diseño de peinados: Lucía Salatino
Diseño de utilería: Diego Maroevic
Música original: José Maria Migliori
Fotografía: Agustina Haurigot
Diseño de imagen: María Eugenia Summa
Asistencia general: Diego Maroevic, Valeria Rellán
Producción: Alejandra De Luna


CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN Corrientes 1543 - Capital Federal Teléfonos: 5077-8000 int 8313 Web: http://www.centrocultural.coop Entrada: $ 200,00 - Sábado - 20:30 hs - Hasta el 28/10/2017

lunes, 2 de octubre de 2017

Mitología moderna y una extensión de la intimidad: Selva Naranja


A través de las redes sociales somos invitados de manera diaria a la intimidad de los otros. Conocemos acerca de sus relaciones y  somos partícipes silenciosos de esas realidades devenidas en ficciones, o viceversa. El teatro de cámara, como propone la compañía teatral, nos permite pensar el arte escénico como una extensión de esta especie de voyeurismo. “Selva Naranja” nos invita a formar parte de un grupo reducido de espectadores, y desarrollar así, la cercanía con los actores.


Los sábados a la noche en el barrio de Almagro, se enciende la historia de un reencuentro amoroso en un monoambiente. Las sillas rodean la cama principal en la que se desarrolla gran parte de la obra. El resto de los espacios quedan prácticamente reservados para  sus protagonistas: Lucía y Eugenio. Se trata de dos viejos amantes que se vuelven a reunir después de diez años. Lucía (interpretada por  Clarisa Balcarce), es quien propone la cita, y evoca las características de la femme fatale; sin perder su vulnerabilidad ni sufrir un castigo ante el desvío de la conducta esperada. Eugenio (Santiago Fondevila), por su parte, es un hombre en apariencia superficial, y a pesar de la falta de compromiso que denotan sus gestos esquivos, se encuentra embelesado por el comportamiento excéntrico de la ex pareja.


La historia del reencuentro en “Selva Naranja” evoca a Agamenón, la primera obra de la trilogía de la Orestíada; escrita por Esquilo y representada originalmente en las fiestas Dionisias de Atenas. La historia narra la venganza de Clitemnestra hacia su marido Agamenón. El director y dramaturgo, A Federico Picasso, decide incorporar el motivo de esa obra de un modo contemporáneo, y destacar allí, un lenguaje propio: transitando desde la ironía y el humor, hasta la profundidad y sensibilidad que ambos personajes intentan controlar.


Desde la particularidad del monoambiente y lejos de sentirnos intimidados, logramos, por momentos, ser participantes externos y ajenos; y en algunos otros, receptores directos de los actores: podemos ser Lucía o Eugenio, según la perspectiva del lugar que hayamos escogido.  La escenografía juega con las tonalidades naranjas y la mitología griega: cuadros, libros y frazadas del color del fuego.


Otra singularidad de la obra reside en el modo en que ambos personajes se comunican entre sí: manifiestan sus sentimientos a través de la cadencia del verso y  la composición musical,  acompañada por una guitarra.


“Selva Naranja” combina la tradición de la tragedia teatral con la innovación del libreto y el espacio escénico. Nos devuelve las representaciones mitológicas de lo femenino y las expone atravesadas por el imaginario actual. Nos permite preguntarnos acerca de la existencia real de un cambio en estos verosímiles; y también, nos recuerda a nuestros amores vehementes.




*Las imágenes pertenecen a Marcia Ruetsch - fb MR Audiovisuales/ marciaruetsch.wixsite.com/audiovisuales


Ficha técnico artística
Dramaturgia y Dirección: Federico Picasso
Actúan: Clarisa Balcarce, Santiago Fondevila, Nadia Gómez
Vestuario y Escenografía: Compañía Teatral Rey Muerto
Peinados y maquillaje: Solange Gamarra
Diseño de luces: Santiago Fondevila, Federico Picasso
Asistencia de dirección: Azul Carrasco
Prensa:Mariana S. Lopez
Productor asociado: Gabriela Stefani
Producción: Adriana Casas
Música: Federico Picasso, Hernán Puga Molina, Marcelo Tulejko Ubal y Juan Diego Arano



Sábados 21 hs.

domingo, 24 de septiembre de 2017

La sencillez de los milagros: La Pilarcita


El viernes pasado en el Camarín de las Musas, fue un verano intenso. Detrás de la puerta de vidrio que separa al bar de la sala, nos encontraba una cortina de tiras. Esas que se usan para alejar a las moscas, de colores; de almacén de barrio. Una vez que atravesamos ese umbral, llegamos a Corrientes en plena festividad.

En el patio de un hotel, la vemos a Celina (interpretada por Pilar Boyle) que cuelga ropa al ritmo de un calor intenso, se denota en sus piernas y sus brazos, en su mirada cansada. Luego ingresa, Celeste (Mercedes Moltedo) que genera las primeras risas, y empezamos a quererla. Ambos personajes en medio de un tono correntino familiar y cariñoso, bien actuado, dan cuenta de una amistad de años, en la que aquello que se dice; incluso la crueldad que despiden algunas verdades, es recibida sin rencor.


Celina es seria y pensante. Está llena de miedos. Celeste, en cambio, sólo coquetea con el presente. Celina se prepara para irse de su pueblo y estudiar medicina. Celeste proyecta aquello que puede tocar: en un ritmo confuso ensaya los pasos coreográficos, y borda sin descanso su traje para bailar en la comparsa de la fiesta de La Pilarcita.

Ambas, en lo profundo de sus diferencias, comparten el cuidado de un hotel modesto, y  nosotros estamos en su patio. Una pequeña pelopincho, sábanas y ropas colgadas de las sogas, una mesa y unas sillas de jardín, un ventilador de pie y un cuartito para los visitantes. La iluminación recrea los días amarillos sofocantes de Corrientes, y las noches de luna de un verano absoluto: el público logra trasladarse allí,  y se inquieta por la transpiración del cuerpo de sus protagonistas.

En aquel cuarto pequeño, está hospedada Selva (interpretada por Luz Palazón), una mujer de Santa Fe, con formas y tonos desafiantes, pero no agresivos. Se esconde en su impronta, una dulzura y una pena. Llega con su pareja, su gran amor Horacio, al que nunca vemos. Se acerca al pueblo debido a la niña que otorga milagros.

También lo conocemos a Hernán (Rodrigo Del Cerro), el hermano de Celina, el coro de la obra: en rima y al compás de una guitarra, nos relata en canciones aquello de lo que no somos testigos. Él ya no vive allí, sólo fue para participar del Concurso de Compuesto Correntino de la fiesta de La Pilarcita. En esa fecha se conmemora a una niña que falleció en un accidente de tránsito, que al querer recoger su muñeca, cayó del auto. En cada fecha, se prepara artesanalmente este juguete en su honor, se lo deja en su altar a modo de ofrenda, y se pide un deseo.

La obra gira en torno a la relación entre estas tres mujeres y los modos en que el milagro atraviesa sus vidas. Se desarrolla a través de un libreto repleto de humor y dulzura. Y una vez allí, se sostiene sobre planteos profundos y  en los detalles sutiles que componen a sus personajes. Las actuaciones son naturales y cercanas a aquellos seres que evocan.


Desde un abordaje simple y profundo, la directora y dramaturga María Marull, recoge la leyenda de La Pilarcita, para dar lugar a una pregunta: ¿ Existen los milagros, los eventos inesperados que tuercen la suerte; o hay que salir a buscarlos, construirlos a partir de la toma de decisiones ? Hacia el final de la obra, la respuesta yace escondida en la belleza de su historia.




*Las imágenes fueron extraídas desde el FB de la obra (https://web.facebook.com/lapilarcita/) y a través de Alternativa Teatral. Fueron realizadas por Mariano Asseff y Sebastián Arpesella.


Ficha técnico artística
Dramaturgia y Dirección: María Marull
Actúan: Pilar Boyle, Rodrigo Del Cerro, Mercedes Moltedo, Luz Palazon
Vestuario: Jam Monti
Iluminación: Matías Sendón
Diseño de espacio: Jose Escobar, Alicia Leloutre
Fotografía: Sebastián Arpesella
Diseño gráfico: Natalia Milazzo
Asistencia de dirección: Sofía Salvaggio
Prensa: Carolina Alfonso
Música: Julián Kartun. Letra: María Marull.


Mario Bravo 960 - Capital Federal
Teléfonos: 4862-0655
Web: http://www.elcamarindelasmusas.com
Entrada: $ 250,00 - Viernes 20 hs. y Sábado 22:00 hs.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Cuando el Estado desaparece: Pasillos: Viaje al centro del carnaval

¿Qué pasa cuando pensamos unidos al carnaval con las fuerzas represivas?  “Pasillos: Viaje al centro del carnaval” propone pensarlos como una dimensión simbiótica de la vida social. El carnaval, concebido como un festejo popular, es representado con diversos rostros. Las fuerzas represivas, por su parte, son consideradas como la extensión de un sistema corrompido. La obra coquetea con su público a través  del uso de la parodia y las metáforas, y nos invita de ese modo,  a pensar la realidad de un modo complejo, que desborde el recorte.


El relato gira en torno a la desaparición de Marcos a manos de las fuerzas policiales, y la búsqueda inacabable de su hermano. Marcos representa a esa juventud que es invisibilizada desde que nace: acallada por la pobreza, la indiferencia y la violencia institucional. Vemos en él, el estigma social y su consecuencia irreversible, el gatillo fácil. Según explicó Josefina Basaldúa, la directora de la obra, la misma está inspirada principalmente en la historia de Luciano Arruga*. Sin embargo, también retoman la presencia de otros  jóvenes, como Miguel Bru**, el primer desaparecido en democracia.


De Arrugas y Juguetes Colectivo Teatral, el grupo independiente que escribió y representa la obra, intenta discutir con las visiones sesgadas de la realidad social. De esa manera, al generar una fuerte crítica a los aparatos represivos del Estado, particularmente las fuerzas policiales,  reconstruye las relaciones de poder que intervienen en el sistema: señala que la dinámica que involucra a opresores y oprimidos, es circular y se reproduce incluso, al interior de estas fuerzas. Esta mirada no busca poner un manto de piedad sobre las fuerzas represivas y los abusos de poder que cometen, sino que trata de hacernos preguntas. Intenta ir más allá del enfoque categórico y simplista con el que suele abordarse el problema.


Por otro lado, la obra destaca la injerencia de los medios de comunicación en la construcción y circulación de aquellos discursos que  estigmatizan a los jóvenes pertenecientes a barrios vulnerables. Desde la parodia, reconstruyen un programa televisivo que obstruye la denuncia y la búsqueda del hermano de Marcos. En medio de la risa y la tensión, destacan la frivolidad del carnaval televisivo.


La mayor particularidad de “Pasillos: Viaje al centro del carnaval” es  la  incorporación de la experiencia de quien desaparece. Allí reside su mayor singularidad: en la empatía que olvidamos recoger. Marcos, interpretado fiel y cálidamente por Facundo Buggiani, nos conmueve por el modo en que expresa lo incierto de su destino, su miedo y  su carencia de respuestas y oportunidades. No se trata de una victimización sino de un tratamiento sensible.


Asimismo, los elementos que componen la escenografía son pocos y están escogidos por su peso simbólico. Los cuatro actores en escena recorren todo el espacio, y cada uno de ellos interpreta más de un papel. Por su parte, la musicalización, representativa de los ritmos locales porteños (tango, comparsa y cumbia), completa cada escena; favoreciendo su cadencia y  entusiasmo, según lo demande.


“Pasillos: Viaje al centro del carnaval” se divide en actos que se destacan por su originalidad y por la permanencia de un mismo elemento: la crítica a las versiones reducidas de la sociedad. Nos pregunta por nuestros desaparecidos en democracia, los reclama y los mantiene en la memoria. Hacia el final, descubrimos en medio de la emoción y la risa, que su argumento es despertarnos frente a la naturalización de la  violencia institucional. Los invito a participar del carnaval que desvela.

*Luciano Arruga de 16 años estuvo desaparecido desde el 31 de enero de 2009, tras ser detenido por la policía bonaerense en Lomas del Mirador, Provincia de Buenos Aires,  hasta el 17 de octubre de 2014, cuando apareció muerto enterrado como NN, luego de ser atropellado por un automóvil. A Luciano los policías del destacamento de Lomas del Mirador ya lo habían torturado en 2008. El 15 de mayo el Tribunal Oral en lo Criminal Nº3 condenó a diez años de prisión al ex policía bonaerense Julio Diego Torales por torturar a Luciano en el Destacamento de Lomas del Mirador el 22 de septiembre de 2008. Más información: http://cosecharoja.org/la-fiscal-que-impidio-saber-que-paso-con-luciano-arruga-no-quiere-que-la-juzguen/ **Miguel Bru  desapareció el 17 de Agosto de 1993. Tenía 23 años y estudiaba periodismo en la Universidad de La Plata. Vivía en una casa tomada. Allí mismo había sido víctima de dos allanamientos ilegales muy violentos por personal de la Comisaría 9º de La Plata. Miguel denunció este hecho. Gracias a las declaraciones de seis detenidos en la Comisaría 9º que oficiaron de testigos del caso, pudo saberse que había sido ingresado en esa seccional el 17 de agosto de 1993. En 1995, luego de la declaración de los testigos, la justicia dictó la prisión preventiva a uno de los policías, el sargento Justo López. Finalmente, en 1996, se ordenó la detención del subcomisario Walter Abrigo, del comisario Juan Domingo Ojeda y de los efectivos Jorge Gorosito y Ramón Cerecetto. En mayo de 1999 comenzó el juicio oral y público. En él fueron condenados a prisión perpetua los policías Justo José López y Walter Abrigo, acusados de tortura seguida de muerte, privación ilegal de la libertad y falta a los deberes de funcionario público. El cuerpo de Miguel sigue sin aparecer hasta el día de hoy. Más información: http://cosecharoja.org/quien-es-miguel-bru-el-primer-desaparecido-en-democracia/
***Las imágenes pertenecen a Silvia Cosoli: http://silviacosolipd.wixsite.com/silviacosoli/foto

Ficha técnico artística
Dramaturgia: Arrugas Y Juguetes Actúan: Facundo Buggiani, Nicolás Carbó, Agustín Clusellas, Carlos Nahuel Iriondo, Florencia López Petruzzi Vestuario: María Luz Abal, Gimena Ruiz Díaz Diseño de escenografía: Gimena Ruiz Díaz Diseño de luces: Alejo Fanego Creación Colectiva: Arrugas Y Juguetes Música: Nicolás Salinas Comunicación: Ignacio Blanco
Diseño gráfico: Alexis Paredes Producción: Ignacio Blanco
Dirección: Josefina Basaldúa


EL ARCHIBRAZO
Mario Bravo 441
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4864-6412
A la gorra - Viernes - 21:00 hs - Hasta el 01/12/2017